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Ernesto Talvi propone la “reforma valeriana del siglo XXI”

Nota El Telégrafo| 17.02.2019

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Recuerda “la plasticidad única” de Ladislao Mazurkiewicz, a quien “era un placer verlo jugar, volar en el área”. Puede decir sin titubear los nombres completos de muchos deportistas. “En Peñarol estaban los hermanos Corbo, Walter Luis Corbo Burmia y Ruben Romeo Corbo Burmia”, dice como prueba de sus conocimientos. Ernesto Talvi Pérez, Talvi por su padre macedonio, Pérez por su madre cubana, busca certificar la candidatura a la Presidencia por el Partido Colorado en las internas de junio venidero, cuando está cumpliendo 62 años. 

“Vengo de fuera de la política. Tengo un compromiso muy fuerte con el país porque durante 21 años me dediqué a estudiar sus principales problemas. Y con un grupo formidable de gente preparada en las mejores universidades del mundo, recorriendo el mundo y viendo experiencias de las principales enfermedades, como la falta de empleo, inseguridad, fracaso educativo y fractura social”, dice con voz apasionada, mirando a los ojos y repitiendo el nombre de pila de quien lo entrevista. 

Economista en la Universidad de la República, doctor en Economía y MBA en Finanzas de la Universidad de Chicago; estuvo en el equipo de asesores del presidente del Banco Central del Uruguay, Ramón Díaz; es director académico del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) e integra la Academia Nacional de Economía de Uruguay. Puede ser la alternativa a Julio María Sanguinetti, si éste confirma su precandidatura. “En ese caso el Partido Colorado tendrá que elegir entre la continuidad y el cambio; quienes estén por las corrientes históricas tendrán en él y Amorín sus candidatos. Quienes entiendan que llegó la hora del cambio, de una nueva generación de líderes de cara al futuro, podrán optar por Ciudadanos”, como se denomina la agrupación que lidera, que lo ha ungido precandidato a la Presidencia. 

Sostiene que se propone a la Presidencia “con propuestas factibles, financiables y posibles para darle respuesta a los problemas más serios a partir del 1º de marzo de 2020. Hoy por hoy vamos por un rumbo que no nos está llevando a ningún buen destino. Las empresas están cerrando, achicándose, tienen dificultades financieras y la inseguridad se encuentra en niveles como nunca ha tenido el país. Hay un fracaso educativo realmente estrepitoso. Hoy la mitad de los chicos nacen en hogares de pobreza y solo 13 de 100 terminan el liceo. Sin educación, en medio de la informalidad, viviendo de changas o de los planes sociales del Mides no hay esperanza. Tampoco en los semilleros narco”. 

“Lo primero que planteamos es que es imprescindible un golpe de timón histórico, una reforma valeriana del siglo XXI; ya no más la suerte sellada por nacer en determinado barrio o localidad, por el contrario asegurar una oportunidad en la vida de llegar al liceo, de terminar la universidad, de alcanzar trabajos dignos”. “No alcanza con curitas sino proponer cosas concretas, que se sabe han tenido éxito, que se probaron”, sostiene y anuncia que “proponemos 136 liceos modelos en todos los barrios del país”. 

Lo más importante para este departamento, afirma que “ocho de los cuales los construiremos en Paysandú”. 

“Hay que revertir la fractura social, por lo que esos liceos deben ser instalados en las zonas periféricas donde residen los menos afortunados, los candidatos a de otro modo desertar del sistema educativo”, proclama el precandidato del Partido Colorado. 

Recuerda entonces que “lo hicimos con nuestras propias manos, el liceo Impulso, en la cuenca de Casavalle, el conjunto más pobre y con problemas más serios, desde la primera infancia, con chicos malnutridos, con falta de estímulos, sin adecuado desarrollo cognitivo”. El liceo Impulso al que alude es de tiempo completo, laico, gratuito y de gestión privada y está ubicado en una zona de contexto crítico en Montevideo, al que año a año –desde 2013– ingresan 50 niños y 50 niñas, por sorteo, sin prueba previa. 

Propone llevar esa experiencia a otras áreas críticas de todo el país, con “una propuesta muy distinta a la de los liceos actuales”. Brindarán clases “de 8 a 18 horas, no solo siguiendo el programa curricular sino también con talleres, deportes, entretenimientos, viajes, campamentos y después de cuarto año el vínculo con el trabajo formal. 

Obviamente allí tendrán desayuno, almuerzo y merienda, chequeos médicos, talleres con la familia. En Impulso egresaron los primeros bachilleres. De los primeros 100 alumnos, 73 bachilleres, en un contexto donde habitualmente lo hacen 8 o 9”. 

Asegura que “este tipo de liceos va a ser universal, pero vamos a arrancar por donde la herida sangra, donde está cayendo el sistema educativo, donde estamos condenando a una vida sin futuro, destruyendo la convivencia en comunidad”. 

“Soy hijo de un inmigrante, que de entre los escombros de la Segunda Guerra Mundial vino a este país, un país por entonces de primera, no de boquilla sino de verdad, con una calidad de vida de Primer Mundo”, subraya y cuenta su sueño: “que mis hijos vuelvan a vivir en el país al que llegó mi padre, desde la educación. Tenemos que volver a dignificar la educación pública, gran constructora de la comunidad. Hay que dar un giro histórico en esa –como digo– reforma valeriana del siglo XXI”. 

“La grave falta de empleo que hoy se vive en todo Uruguay, incluyendo Paysandú, la inseguridad, la pérdida de calidad de vida, todo eso, debe basarse en la recuperación de la educación. Si no resolvemos el problema de la educación, nada de lo que hagamos provocará reales soluciones”, concluye.

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